Comunalidad, anticapitalismo y revolución / Floriberto Díaz

Juan Castellanos / La Izquierda Diario

Floriberto Díaz (1951-1995) fue el más importante intelectual indígena de la cultura mixe de Oaxaca. Creador del concepto de “comunalidad”, su pensamiento vivo es interesante para pensar una sociedad post capitalista.

En un escenario nacional convulsivo, con importantes luchas obreras como la de la Tendencia Democrática del STERM, encabezada por Úrsulo Galván, y la huelga de Spicer, con los grupos guerrilleros y la “guerra sucia” del Estado en el sur para combatirlos, desarrolló su pensamiento Floriberto Díaz.

El 68 mexicano caló hondo. Un nuevo ciclo de la lucha de clases conmocionó al país: del norte al sur, de Chihuahua a Oaxaca. Un estudiante mixe en la Ciudad de México leía libros de marxismo disfrazados de Biblia antes de volver cada tanto a su comunidad. En la sierra de Santa María Tlahuitlotepec de la lejana Oaxaca, un joven dirigente, Floriberto, encabezó un potente movimiento de los pueblos mixes para detener el despojo de tierras comunales de Jayacaxtepec, que la Constructora Nacional se quería apropiar para extraer oro, plata y bronce. Los mixes, con cierto orgullo nacional, se dicen a sí mismos “los nunca conquistados”: según su cosmogonía, su dios Condoy derrotó a los españoles en el siglo XVI.

El 68 produjo un efecto en el grueso de las comunidades del sur de Oaxaca. Un fuerte movimiento social, con muchos actores involucrados: maestros que fundarían la CNTE, comunidades indígenas, organizaciones de Derechos Humanos y otros, confrontó con el poder de los caciques del PRI y promovió una participación comunitaria que cuestionó el corporativismo del Estado.

Tras la represión gubernamental de los años 80’, el repliegue de las movilizaciones para detener los decretos, la cooptación de dirigentes y la represión al Consejo Mixe, Floriberto Díaz comenzó a elaborar una nueva teoría, un nuevo concepto, para comprender la forma de organización de los pueblos indígenas del sur: “la comunalidad”.

En medio de la represión gubernamental de los años 80’ que golpeó al Consejo Mixe y provocó el repliegue de las movilizaciones para detener los decretos expropiatorios, Floriberto Díaz comenzó a elaborar una nueva teoría, un nuevo concepto, para comprender la forma de organización de los pueblos indígenas del sur: “la comunalidad”.

El concepto de Floriberto

Oaxaca tiene una peculiar formación geográfica: costa, sierra, istmo, mixteca culminando con la Sierra Madre Oriental y un eje volcánico. Una diversidad étnica incomparable desde tiempos ancestrales, con mixes, zapotecos, mixtecos, shatinos, amuzgos, chinantecos, cluitlatecos y otros, llegó a un momento de esplendor con la formación de la urbe de Monte Albán en lo que López Austin llamó el periodo clásico. En Oaxaca, la comunidad agraria de subsistencia, de cultivo de maíz, calabaza y café moldeó una forma de organización comunitaria particular.

Pueblos tributarios en el periodo posclásico fueron colonizados y oprimidos en la sociedad novohispana; sufrieron el despojo de caciques y terratenientes luego de la independencia; para ser condenados a la marginación, la represión y el corporativismo durante el periodo post revolucionario.

Oaxaca es el estado más fragmentado en municipios del país: 570. Más del 40% habla alguna lengua indígena. La forma de propiedad preponderante es la comunal. Y legalmente, y como medida para evitar la extensión del alzamiento zapatista, se gobierna con “usos y costumbres”. Este complejo legal convive y en algunas ocasiones ayuda a los caciques del PRI. La ley tenía claros tintes para evitar la extensión del conflicto armado de Chiapas a Oaxaca.

Publicado por la UNAM el libro Comunalidad, energía viva del pensamiento mixe en pleno siglo XXI adquiere relevancia para pensar una sociedad post capitalista. En él Díaz resume que la comunalidad es una expresión ancestral, una expresión de vida de las organizaciones indígenas. Las resume en 5 puntos: la Tierra, como Madre y como territorio, el consenso en asamblea para la toma de decisiones, el servicio gratuito, como ejercicio de autoridad, el trabajo colectivo, como un acto de recreación y los ritos y ceremonias, como expresión del don comunal.

En un país racista, con fuerte discriminación es importante poner atención el pensamiento de izquierda en las zonas indígenas. Para Floriberto, en las comunidades zapotecas, shatinas, mixtecas, mixes, etc existe una forma de organización asamblearia, en el que la política no es idéntica a la representación democrático burguesa (electoral), existe una relación comunitaria de la propiedad (bien común) existe el “tequío” como forma de servicio a la comunidad y una forma no destructiva de la naturaleza. Ante las formas de organización de la vida urbana en el que prima el individualismo, la competencia y lo privado en las zonas indígenas existen formas que permiten pensar una sociedad alternativa: más libre, más justa, democrática y sin explotación. De ahí que este concepto, la comunalidad, haya sido discutido en un coloquio internacional en Puebla en 2015 como una alternativa de transición post capitalista.

Mariátegui, comunalidad

Mariátegui, el marxista peruano, concitó un importante debate sobre la cuestión indígena en el marxismo y en la Internacional Comunista. Su tesis, arriesgada, detallaba que las tradiciones indígenas no representaban un problema para la revolución socialista en el Perú: al contrario era un punto a su favor. Bajo la misma concepción de Marx sobre la comunidad rural en Rusia, Mariátegui planteó que las formas de organización indígenas aceleran las condiciones para una revolución social. Su hipótesis le llevó una serie de críticas de los marxistas estalinistas de la URSS y declararon que era “un indianista”.

En una de las ideas más controvertidas de Mariátegui, para los estalinistas, el Amauta sostenía “Nosotros creemos que, entre las poblaciones “atrasadas” ninguna, como la población indígena, reúne las condiciones tan favorables para que el comunismo agrario primitivo, subsistente en estructuras concretas y en un hondo espíritu colectivista, se transforme, bajo la hegemonía de la clase proletaria, en una de las bases más sólidas de la sociedad colectivista preconizada por el comunismo marxista”.

Por la alianza entre trabajadores y pueblos originarios

Los trabajadores, en las zonas de alto desarrollo industrial, tienen como aliados a los indígenas mixes, zapotecos, shatinos, mixtecos, nahuas. Pero también a wirras, mayas y tarahumaras. Al mismo tiempo que las organizaciones obreras deben retomar la cuestión indígena deben movilizarse en contra del despojo territorial que sufren los pueblos.

Los trabajadores de base de la Unión Nacional de Trabajadores, de la Nueva Central, los de San Quintín, los maquiladores del norte que se enfrentaron a la CTM, los maestros de la CNTE contra la Reforma Educativa tienen como aliados a los pueblos indígenas del país. Al mismo tiempo los diversos pueblos y organizaciones indígenas que resisten en todo el país contra los megaproyectos y el despojo capitalista deben ver como un aliado central, estratégico, para conseguir sus demandas a la clase trabajadora.

Los pueblos indígenas deben llamar a sus aliados de la ciudad, a los trabajadores de los principales gremios, a respaldar la lucha que enfrentan contra el despojo y los megaproyectos. A diferencia de algunas organizaciones indigenistas que no consideran a los trabajadores como un aliado y que luchan por una autonomía local, los socialistas opinamos que la unidad de los sindicatos combativos e independientes, junto a los pueblos indígenas es una alianza estratégica junto a los campesinos pobres para conseguir nuestros reclamos. Y es que la conquista de pequeños “poderes” alternos en medio del mar del capitalismo no es una alternativa estratégica para derrotar este sistema de explotación y miseria.

En los próximos años el territorio oaxaqueño será un escenario de luchas y conflictos. La implementación de las zonas económicas especiales apunta al despojo y al desarrollo del modelo extractivista de las tierras comunales indígenas.

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