Denuncia de compañero libertario por criminalización sistemática en Nicaragua

El gobierno de “la revolución sandinista” en Nicaragua criminaliza el activismo social.

Adrian Gomez Medina

Estoy de mochilero por países centroamericanos, viajando un poco — Después de las amenazas del gobierno hidalguense, mexicano y la vigilancia selectiva contra mi persona— . Me encuentro conociendo varias cosas y causas, entre ellos los conflictos territoriales en varios puntos de centroamérica, meramente como forma de comparación, investigación y aprendizaje autodidacta independiente. Pretendo escribir un poco sobre ello más adelante.

Después de visitar Guatemala; El Salvador y Honduras arribe al paso fronterizo de Nicaragua a las 5:30 de la tarde, resultado de un viaje agotador que me tomó mas de 8 horas de camino desde la capital hondureña.

Me interrogaron minuciosamente en la frontera por la estigmatización que existe hacia los mexicanos, producto del narcotráfico del que tenemos fama. En primera fase me hicieron preguntas básicas y me retuvieron alrededor de una hora antes de volver a cuestionarme.

Después de este lapso un agente de migración se acercó y me dijo: “Tenés mucha trayectoria”, y empezó a interrogarme detalladamente sobre mi activismo en México. Insinué que habían investigado mi nombre en internet a través de las notas de prensa que hacen referencia a mi. Me preguntaron al respecto con un gesto de solidaridad falsa, tratando de obtener el mayor número de información posible; y yo respondí sinceramente a todas sus interrogantes.

Deje en claro mis derechos, en ningún momento me inmute y les respondí que no considero que sea ilegal alzar la voz ante cualquier injusticia social en ningún país; además trate de recalcar que a Nicaragua solo ingresaba en modalidad de tránsito, nunca mentí, pues honestamente no tengo contactos políticos, ni mucho menos objetivos en ese contexto.

Me dijeron que mientras no estuviera ligado al narcotráfico no tenía de que preocuparme “ni tampoco te sientas mal por el cuestionamiento, pues solo era una forma de conocerte y saber mas de ti” me dijo el agente, hasta mencionaron que respetaban lo que hacía y que ellos habían sido militantes.

Al terminar el interrogatorio me mantuvieron en espera media hora más y esa situación empezaba a preocuparme porque la noche empezó a manifestarse. Les pedí que apresuraron su respuesta pues por una parte tenía a Honduras, un país peligroso donde después de las 8 pm. todo puede sucederte, y más en un cruce fronterizo sin hoteles ni transporte, y del otro lado de la frontera tenía calculado el horario de salida del último bus que me llevaría a la ciudad más cercana.

El agente de migración, que parecía tener el rango mas alto, me dijo “Si me autorizan tu entrada, la policía va para Managua y podés trasladarte sin ningún problema con ellos”. Eso me dio un poco de tranquilidad.

Me pidieron que esperara. Salí del cubículo, mi entrevistador empezó a realizar llamadas telefónicas y hablaba con otros miembros del personal migratorio.

Media hora después se acercó otro agente con cara de pocos amigos y me presentó el documento que expongo en este post diciéndome al mismo tiempo “Tenés que rellenar la siguiente solicitud y enviarla al correo que viene en la parte posterior, te contestarán en 3 días para ver si autorizan tu entrada a Nica”.

En seguida le pregunté con tono de alteración: “¿No me van a dejar pasar?”, y respondió tajantemente que no. Ya entrado en disgusto le pregunté: “¿Cuál es la razón, ¿Mi trayectoria política?”, se supone que son un gobierno progresista, de izquierda, producto del sandinismo y me están criminalizando, no tengo ningún antecedente penal ni problemas legales, cuento con todos los sellos de cada país en el que he estado pero además tampoco tengo a donde ir, se me hace peligroso regresar a Honduras y simplemente me están negando la entrada por mi participación política en torno a los movimientos que resisten en México.

La razón era evidente, consideraron que era un riesgo político en Nicaragua y en ese entendido optaron por negarme el paso.

El agente solo se limitó a dar la orden a dos policías diciéndoles “acompáñenlo a la salida”, y los policías me hicieron señas con gesto autoritario para que los siguiera.

Eran las 8 de la noche y me encontraba varado entre dos fronteras. El último policía que me encamino solo me recordó lo que podía pasarme diciéndome “tener cuidado con los ladrones, está duro de ese lado”.

Así fue como la burocracia nicaragüense que se jacta de solidaria con el mundo me dejo a la deriva entre los maras salvatrucha y un país que se dice el más seguro, democrático y revolucionario de Centro América.

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