Esta es la historia y las razones de la lucha obrera de los mineros de Cocula, una de las más importantes en la historia de México

MINEROS DE COCULA CUMPLEN 5 MESES CON UNA DE LAS HUELGAS MÁS IMPORTANTES EN LA HISTORIA DE MÉXICO: ESTAS SON LAS RAZONES Y ASÍ SE VIVE SU LUCHA

Demián Revart

Armarse de valor y detener la producción de una de las empresas mineras más grandes del mundo no es cualquier cosa. En este acto, no sólo se han expuesto los trasfondos más inhumanos que tiene el capital extranjero cuando coloniza territorios mexicanos -mediante el desplazamiento forzado de las comunidades, la irreparable contaminación ambiental del medio ambiente y el agua, la esclavitud laboral a la que empuja a sus ‘asociados’… ¡en fin!- también ha dejado enseñanzas positivas para los trabajadores y sus familias, al entender dos claves que les han dado el suficiente sostén para continuar su movimiento: 1) la lucha va más allá del sueldo: es por la dignidad, y 2) los trabajadores pueden sobrevivir sin patrón, pero en cambio, el patrón no puede sobrevivir sin fuerza de trabajo.

Hoy, a 5 meses de una de las huelgas obreras más importantes en la historia de México, va esta compilación fotográfica-anecdótica del cómo es tomar acción por una causa justa  –sin importar las consecuencias- y no sólo quejarse ingenuamente por redes sociales.

Entre la cama de piedras y una barda de metrallas

Las situaciones no pueden entenderse a la perfección hasta vivirlas en carne propia. Desde el inicio de la huelga el pasado 3 de noviembre, la minera Media Luna ha recurrido tanto al chantaje (berreando una y otra vez; diciéndole a los trabajadores que “si no dejan trabajar, nos vamos de aquí”, y con el poder, diciendo que “Canadá ya no va a invertir en Guerrero”, al haber tenido la empresa una baja del 50% de sus acciones en la bolsa de valor canadiense en lo que va de la huelga) y por otra parte, ha colocado una ‘barda de metrallas’ mediante la paramilitarización de los pueblos coculenses contiguos al complejo minero con la presencia de grupos delictivos, la gendarmería y la policía estatal, que en su conjunto, ya han asesinado a 3 trabajadores (Marcelino y Víctor Sahuanitla Peña, asesinados el 15 de noviembre en Atzcala, y Quintín Salgado, abatido afuera de su domicilio en Nuevo Balsas el 24 de enero) y desatado distintas agresiones armadas contra la gente en los bloqueos a la mina, incluso golpeando mujeres, como ocurrió en el reciente campamento avecindado de la mano de ejidatarios de Real del Limón [1] que exigen la expropiación de sus tierras explotadas por no cumplir con las pautas que la empresa les prometió.

 

No pretendo hacer un recuento de lo vivido, pues eso ya está plasmado en varios portales de noticias y el imaginario comunitario de los protagonistas de este movimiento. Lo que quiero es ilustrar la cotidianeidad en su representación más fidedigna… lo que no sale en las cámaras ni las notas de prensa.

A pesar las adversidades escarmentadas por Media Luna y de las limitaciones geográficas -¡los cerros que dan a las puertas de la mina son simplemente monstruos imposibles de escalar!-, los trabajadores han instalado los bloqueos en las zonas más próximas de donde se encuentra el personal de seguridad privada de la mina y unos cuantos elementos de la Policía Ministerial –que insólitamente, han apoyado transportando comida y “dando luz verde” en diversas ocasiones a los trabajadores cuando los estatales buscan intimidarlos cerrándoles los caminos locales-, ello, con el fin de hacerse notar, porque luchar es reivindicar la presencia –del cuerpo, la voz, la acción directa, etc.-.

El primero de ellos se encuentra en la “Puerta 3”, a unos 15 minutos del pueblo de La Fundición. Es de gran facilidad accesar en automóvil o a pie. Allí se construyeron unas “casitas temporales” con lonas y madera para las familias de varios integrantes que deciden voluntariamente hacer guardia por las noches. Tiene leños y carbón suficiente para preparar las comidas necesarias que se requieran día y noche, aunque claramente limitando el repertorio gastronómico a los alimentos que puedan comprarse con la ‘vaquita’ o mediante donaciones de los pobladores.

En el video Los niños también resisten en la huelga de mineros de Cocula, Guerrero: Así recuerdan la vida en sus pueblos, hoy desplazados por una mina canadiense” [2], se puede mirar con buenos ojos la convivencia diaria en Puerta 3 en la que también son partícipes los pequeños, que a su vez han arropado la lucha de sus padres obreros durante estos 5 meses. Se pensará que los niños son llevados a la fuerza –que aunque tiene algo de cierto por la carestía que se resiente en el seno familiar cuando el principal sustento del padre se pierde, en este caso, por el congelamiento de los salarios- sin embargo, ellos vindican el apoyo a sus padres con la frase “Preferimos la tierra que el cemento”, que al interpretarla según el contexto, entendemos que aunque los peques no tengan tan en claro la problemática laboral, sí entienden –y repudian- el dilema territorial al vivir el desplazamiento “consensuado/forzado” de sus pueblos rurales hace dos años.

 

Bien, sigamos. El segundo bloqueo es toda una proeza. De Puerta 3, hay que moverse otros 15 minutos rumbo al ejido de Real del Limón. De ahí, se tiene que subir el cerro, lo que demora entre 1 hora y media a 2 horas (si es de noche, el recorrido es mayor por la poca visibilidad del asentamiento). ¡Ahora imagínense cuando se tienen que subir la comida y los garrafones de agua! Para alguien con nula experiencia en moverse entre las montañas, una caída en el ascenso puede ser fatídica…

Ya llegando a lo pelado del cerro, los climas son extenuantemente agresivos; a eso de las 11 am los rayos del sol son agotadores, mientras que las madrugadas son casi imposibles de soportar. Para intentar dormir, la mayoría colocan pedazos de cartón –y quien corrió con suerte, una cobija o colchoneta vieja- en las superficies menos rocosas, aunque algunos otros se duermen a la brava en las enormes piedras que asemejan su tamaño corporal. Otros se acomodan debajo de los camiones materialistas y las máquinas de extracción ya que “cubren del sol y no entra tanto polvo”.

Para matar el tiempo no hay mucho que hacer. A veces, se leen las noticias con respecto al paro si algún suertudo logra tener señal de Wi-Fi. La mayor parte del tiempo es recostarse en las piedras para guardar la energía que se requiere para bajar el cerro y volver a subir al campamento, respectivamente. (Obvio microbio, también se cotorrea y charla sobre la vida diaria de la gente que da vida al campamento).

Para entender lo que es la praxis no hay que ir a los diccionarios, basta con pasar un solo día junto con estos inquebrantables trabajadores.

De ciegos a críticos en acción

Lo que hoy acontece en la Minera Media Luna no es tan distinto a las razones que hicieron emerger las emblemáticas huelgas de Cananea o Río Blanco en aquel periodo prerrevolucionario: pésimas condiciones de seguridad dentro de las instalaciones de trabajo; prohibición de la libertad de asociación –ora’ sí que a la primera queja, los trabajadores son echados por la borda-; jornadas de trabajo de 12 horas o más; violencia policial dentro y fuera de los centros industriales cuando los trabajadores se organizan; cooptación de las poblaciones locales para ganar mano de obra barata mediante engaños y falsas promesas, etc.

Cuando llegué a Nuevo Balsas a finales del 2016 para comenzar el documental “¡Arriba las manos!: ¿el oro o la vida?”, salía a relucir que el 100% de los pescadores y otros opositores a la mina –quienes fueron el primer sector popular en realizar bloqueos por la contaminación del Río Balsas, y por ende, la afectación directa a su ritmo de trabajo- tenían la idea de que “los trabajadores nunca se van a rebelar, la mina los tiene calladitos (…) allí si te quejas, vas pa’ fuera”. En La Fundición, la familia del excomisario Braulio –la última en ser “reasentada” tras varios días de quedarse en su antiguo domicilio a manera de protesta mientras los trabajos de demolición se efectuaban- también conjugaban con esta idea, a pesar de que ahora son los mineros de esta comunidad quienes tienen la estafeta de la lucha que dejaron los pescadores y los primeros pobladores opositores.

Debo confesar que trabajar en la organización comunitaria contra un monstruo transnacional de ese tamaño no es el problema en-sí, lo más incómodo es hacerlo en un contexto donde los mismos trabajadores y pueblos defendían enrabiadamente a la mina (diría Flores Magón que “No hay nada tan desalentador como un esclavo satisfecho”) haciendo que los “enemigos comprendidos”[3] se opongan dogmáticamente a una causa como lo ha sido la defensa del emblemático Río Balsas y el aire contaminado por la ‘polvadera’ que surge de los caminos sin pavimentar y los trabajos de extracción que terminan provocando enfermedades respiratorias en las personas más vulnerables (niños y personas de la tercera edad).

Hoy todo es muy distinto, ya que la amalgama que destapó la cloaca de podredumbres de la empresa como los tres asesinatos; la constante presencia policial en los caminos de los pueblos; la suspensión de las rutas de transporte en los momentos más álgidos de la huelga; las actitudes racistas e infantilistas que han tomado los dueños de la mina al confrontar a los huelguistas en los bloqueos; y en específico, la negativa de otorgar la libertad sindical a los obreros para desvincularse de la CTM, ha cambiado la óptica de los pobladores que defendían ciegamente al “progreso”.

Claro, la polarización aún existe, pero en una escala más ínfima, al grado de que muchas familias que no tienen siquiera parientes laborando en la mina, están del lado del movimiento y a algunas se les ve apoyando presencialmente en los bloqueos. En la “101”, conocí a Luna Flores, una chica de apenas 12 años que se ha ‘fletado’ el subir hasta el cerro para acompañar a los trabajadores y que constantemente difunde  lo que acontece allá arriba para hacer conciencia entre los más jóvenes de su pueblo. Por otra parte, también me sorprendió conocer a los dos pequeños hijos de 8 y 9 años de Luisa Sotelo (una de las principales voceras del movimiento) que al igual acompañan con entusiasmo la subida al campamento, y hasta en algunas ocasiones, cargan más mochilas con agua y comida que los trabajadores adultos.

Las razones

El principal motivo es la negativa tanto de la empresa como de la CTM de desvincularse de este “sindicato” (entre comillas, ya que es preferible conceptualizarlo como un grupo de choque partidista), lo que al mismo tiempo desencadena una serie de causas “esclavizantes”, según la voz de los trabajadores:

LABORAL

– Salarios insultantes que tienen semejanza con el sueldo base de un campesino ($200) cuando se dedicaban a trabajar la tierra, demostrando así que no hay mucha diferencia entre el trabajo rural y el “progreso” que Media Luna les prometió para explotar sus tierras.

– Les dieron un papel de “política establecida” que especificaba la prohibición de realizar quejas y protestas de cualquier tipo.

– No tuvieron libertad sindical al ser contratados. “Le firmas o le firmas” fue la manera en la que fueron ‘afiliados’ a la CTM.

– A la mayoría de los trabajadores no les depositaron su sueldo base al entrar a la empresa.

– Constante congelamiento de salarios y aguinaldos de fin de año. Los pagos se los hacen semanales, no quincenales, lo que provoca la reducción acumulativa del salario [4].

– Gran parte de los contratados no cuenta con transporte para desplazarse hacia la mina, por lo que varios se han organizado para gestionar viajes compartidos, y otros de plano, llegan a pie, por lo que salen desde la madrugada de sus pueblos.

SALUD

– En la mayoría de los espacios de trabajo de la mina (a cielo abierto o en el subsuelo) los trabajadores sólo cuentan con casco, camisa de tela rígida y botas. Otros materiales elementales para la seguridad como lentes de protección, guantes, cubre bocas, etc., tienen que ser financiados por ellos mismos.

– Han tenido afectaciones por la sosa y el proceso de lixivación como enfermedades respiratorias y de irritación en la piel.

– En 2 años se han registrado decenas de accidentes graves que no han salido a la luz. La cantidad de obreros muertos –o lo que prefiero llamar “homicidios industriales”- es desconocida hasta el momento.

– La comida llega a estar cruda; los obligan a comer donde trabajan y extraen materiales por las pésimas condiciones del comedor (a pesar de que en los videos que ha patrocinado la empresa, se observa un comedor de primer nivel).

– Los encargados de las trituradoras y maquinarias moledoras han tenido accidentes por piedras que salen volando de esos enormes complejos y los llegan a golpear.

– Los servicios de salud son negligentes e insuficientes.

RACIAL

– Siempre ha existido un favoritismo por el personal foráneo y los “recomendados” que son originarios principalmente de grandes ciudades del norte de México (Chihuahua, Coahuila, Sonora, etc.) El color de piel sí tiene que ver ya que la mayoría de este sector tiene experiencia en otros complejos mineros donde opera también la CTM. Es claro que una empresa de ‘gente blanca’ no va a dar prioridad a ‘gente morena’.

– Al personal foráneo les dan viáticos, les lavan su ropa y botas, les facilitan los medios de transporte. “Les dan su sueldo limpiecito (…) ellos no se estancan, tienen puestos más altos”.

– Durante la huelga, un sector minoritario de ellos fue obligado a trabajar mientras los paristas buscaban acercarse a ellos, pero mediante la policía y civiles armados, la mina impidió a toda costa su acercamiento.

AMBIENTAL

– La contaminación del aire de las comunidades aledañas por el polvo de los distintos espacios de trabajo a cielo abierto y los caminos de terracería que la empresa se comprometió a pavimentar.

– El derrame de distintas sustancias tóxicas en el Río Balsas.

***

Durante la VI Convención Nacional Popular por Ayotzinapa celebrada los días 17 y 18 de marzo en la CDMX, Onésimo Sotelo, uno de los voceros de los mineros, pronunció estas palabras:

“(…) Tardamos 7 años, pero ya despertamos. Minera Media Luna y CTM creen que con fuerza pública, que con amenazas de muerte… todos estamos amenazados de muerte y todos vivimos con miedo, pero más es nuestro coraje porque ya no vamos a permitir que un extranjero venga y nos humille.

Quiero que lo sepan, es una empresa que viene, crea un desorden social, un desorden ambiental, pero nosotros no lo vamos a permitir más, que se lleve nuestro oro, plata, cobre, y a nosotros son haga a un lado, nos humille.

Así, si Dios nos lo permite, aunque perdamos la vida, ahí vamos a seguir.” [5]


Notas críticas y referencias

[1] “Policías estatales golpean a mujeres paristas de Media Luna e intentan desalojar a trabajadores y ejidatarios; amenazan de muerte a uno de ellos”, Ruptura Colectiva (RC), 15 de marzo de 2018. (http://rupturacolectiva.com/policias-estatales-golpean-a-mujeres-paristas-de-media-luna-e-intentan-desalojar-a-trabajadores-y-ejidatarios-amenazan-de-muerte-a-uno-de-ellos/)

[2] Véase en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=VsvQgh7oy-M&t=62s

[3] Término empleado por Don Braulio en torno al papel antagónico que llegan a tener sus propios paisanos en conflictos territoriales como éste.

[4]  La minera ha sido inteligente para recortar sueldos y delegar esa responsabilidad a una empresa financiera secundaria de nombre “Sumadisom” de Querétaro y otra de nombre “THRX 2010” con sede en Chilpancingo, y así “hacerse de la vista gorda”. La minera no tiene nómina.

[5] “’Aunque perdamos la vida, seguiremos en esta lucha’: Emotivo discurso de trabajadores de Minera Media Luna en la Ciudad de México”, Ruptura Colectiva (RC), 18 de marzo de 2018. (http://rupturacolectiva.com/aunque-perdamos-la-vida-seguiremos-en-esta-lucha-emotivo-discurso-de-trabajadores-de-minera-media-luna-en-la-ciudad-de-mexico/)

 

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