La Casa del Estudiante Sudcaliforniano: de la autogestión política a la resistencia contra el desalojo

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Título original: Aferrarse a la presa jamás será igual a incorporarla cuando opone resistencia: De la crisis de Mendoza Davis, entre la agresión a la sociedad organizada y la movilización por la casa del estudiante sudcaliforniano en México

Sergio Reynaga

Se vuelve urgente acudir a los sucesos recientes para comprender el vínculo que comunica a los diferentes procesos de organización social que se enfrentan, desde su fundación, al gobierno del estado de Baja California Sur, encabezado por Carlos Mendoza Davis.

Como una suma a la situación de violencia que se cierne sobre la población sudcaliforniana y las innegables relaciones de las instituciones que administran el poder con el crimen organizado, se nos presenta el despliegue de tácticas de contención que pretenden criminalizar la movilización social, en un primer momento contra el cierre de la carretera La Paz-Todos Santos el 23 de septiembre de 2015,  como muestra de rechazo a la minera Los Cardones que pretende el predio que comprende al rancho Las Padercitas, propiedad de la familia Cordero. Posteriormente, contra el cierre de la carretera al Aeropuerto de La Paz dos días después, el 25 de septiembre, advirtiendo el uso de la fuerza pública. Sumado a esto, a propósito de la resistencia de los pescadores agrupados en la Cooperativa Punta Lobos, contra al capital inmobiliario de MIRA Companies y el corredor turístico Tres Santos, quienes mantenían un plantón en la playa donde históricamente han desarrollado su actividad y desde donde se disparan muchos otros factores de vital importancia para su comunidad, se realizarán dos nuevas agresiones, el 2 de febrero y el 14 de mayo del año en curso, esta vez -es importante recordarlo- el desmantelamiento del plantón fue realizado por granaderos. Como un acumulado de fracturas en el discurso oficial, vuelan las exigencias todavía insatisfechas de la población. Ahora bien, la educación también se encuentra en medio de los embates de la relación servil del gobernador y los grandes capitales, independientemente de la condición legal de los mismos, y, haciendo caso omiso de la negativa por parte de la población, se llevó a cabo el cierre de la Escuela Primaria 18 de Marzo, ubicada en el centro de La Paz, específicamente en uno de los corredores con mayor flujo turístico y mercantil: el malecón.  Más aún, el pasado 16 de septiembre durante los festejos de la independencia, en el marco del desfile cívico-militar, se agredió a los/as manifestantes que se oponen al cierre de la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en México [1].

La Casa del Estudiante Sudcaliforniano en México, ubicada en La Viga, delegación Iztapalapa, se prepara para un posible desalojo el próximo 30 de septiembre. Confirmada la situación de habitabilidad del inmueble [2], queda claro el proceso de despojo hacia la comunidad estudiantil que lo habita. Bajo estas mismas formulas, es importante comprender que la Asociación de Estudiantes Sudcalifornianos en México (AESM) goza hoy de autonomía política, lo que posibilita la gestión de formas asamblearias del recurso destinado a su organización, posibilitando una formación fundamental en términos relacionales, como una praxis política genuina: la autogestión. Dichas prácticas se oponen a las necesidades del Estado de forma tácita, pues suponen una salida del control de la inventiva social y la delegación de responsabilidades en las figuras jerárquicas de la autoridad establecida en y por el derecho en las cosas. Es en este sentido en el que resulta clara la contradicción operativa entre la auto-organización del espacio y el marco legal del gobierno, lo que resulta en la amenaza de cierre orquestada por Mendoza y Héctor Jiménez Márquez, director estatal de la Secretaria de Educación Pública.  A propósito del ejercicio de justificar el ejercicio de gobernar negando la autodeterminación, Adorno nos dice:

(…) deberíamos recordar que el totalitarismo considera  a las masas no como seres humanos autónomos, que deciden racionalmente su propio destino y a quienes hay que dirigirse, por tanto, como sujetos racionales, sino como simples objetos de medidas administrativas, a quienes hay que enseñar, por encima de todo, a ser humildes y a obedecer órdenes. [3]

https://www.youtube.com/watch?v=vNLp8509FDc&feature=youtu.be

Es importante tomar en cuenta que no sólo se gestiona la alimentación, sino también el trabajo de mantenimiento de la construcción, pues son los mismos habitantes quienes, organizados en comisiones, se ocupan del trabajo que el inmueble exige. Los flujos de capital en la zona donde se ubica la casa pueden ser un aliciente clave para el desalojo y la posible venta de la propiedad, tomando en cuenta que hasta ahora no se ha especificado el futuro del predio. De manera similar al caso de la 18 de Marzo, atrapada entre los bares que pululan el centro de La Paz. Quizá estamos hablando de procesos de  gentrificación,  lo que no es otra cosa que el desprecio de las comunidades y la descomposición de su existencia, justificado a través de la acumulación del capital y por lo tanto en el despojo de sus espacios. Es importante recordar el carácter comunitario de la casa del estudiante, no solamente por sus prácticas asamblearias, sino también por el servicio que se presta a través de las visitas médicas. Dicha función puede ser clave para los/as sudcalifornianos/as, pues representa la oportunidad de ser atendidos por especialistas en la Ciudad de México, cuestión poco abordada en las justificaciones para el cierre. Debe considerarse también, lo que representa el espacio más allá de las paredes y  el valor económico del inmueble, para la población: una comunidad auto-organizada que posibilita el acceso a la educación y a tratamiento médico para todos/as, pues la mayor parte de la población no sería capaz de pagar una estancia prolongada en la capital, para cualquiera de las dos cosas.

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Estudiantes realizan trabajo de mantenimiento en las fachadas de la Casa del Estudiante Sudcaliforniano, ubicada en la delegación Iztapalapa.

La solidaridad, en oposición a la indiferencia y el despojo, será clave para la recuperación de la casa del estudiante que, simbólicamente, también carga de sentido a distintas astillas históricas de la constelación de los procesos de lucha social en Baja California Sur. Para sorpresa del Estado, la organización de la casa permitió  una respuesta rápida frente a la amenaza de desalojo y, sobre todo, su vinculación con muchos otros sectores movilizados a partir de la personalización del conflicto con el modelo neoliberal, contra la depredación del medio, la mercantilización del conocimiento y la privatización de la educación, pero sobre todo contra las agresiones de Mendoza Davis y sus agentes en guayabera, a quienes oponemos la defensa de nuestros espacios y nuestra comunidad, lo mismo en las padercitas que en Punta Lobos, lo mismo a lado del magisterio contra la reforma educativa que en la casa del estudiante. Así debemos recordar que:

Incluso en el estilo pulido de sus formas arquitectónicas más civilizadas, la esencia del poder se vincula al simbolismo arcaico de la boca y de los dientes: órganos primarios (y primer “ordenamiento”) del poder, en tanto relacionados con el acto de “incorporar a la presa”. [4]

Sin embargo, mientras se atragantan con la democracia y la paz pública, la población se organiza y se despliega solidaria, a través del reconocimiento de las carencias que nos imponen la supervivencia, cuestión a la que oponemos el placer de existir. Por lo tanto, estamos dispuestos/as a tomar lo que humanamente nos pertenece: la vida plena. Así, es como aferrarse a la presa, agrediendo, amenazando, despojando y despreciando-nos, jamás será igual a asumir nuestra determinación, porque reconocemos en la libertad una potencia clave para la organización de nuestras comunidades, tanto como para la composición del conocimiento y su socialización. Oponemos el apoyo mutuo frente a la precarización por parte de sus gobiernos serviles.

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Otra cuestión vital resulta con la atención que se presta desde la clase política al proceso, adhiriendo causas a las tensiones que sólo a sus grupúsculos corresponde. Por esto, quisiera invitar a quienes habitan la casa a continuar practicando la autonomía, a desplegar sus actividades desde la autogestión y el libre acuerdo, a trabajar por la recuperación del espacio sin cargas electorales, a través de su micro-horizonte ético-político: la Asociación de Estudiantes Sudcalifornianos en México y su asamblea. Quizá las palabras de Cornelius Castoriadis puedan nutrir un poco más la propuesta:

La utopía es algo que no tiene lugar y que no puede tenerlo. Lo que yo llamo proyecto revolucionario, el proyecto de autonomía, individual y colectiva (ambos son inseparables) no es una utopía sino un proyecto histórico-social que puede realizarse, nada muestra que sea imposible. Su realización no depende más que de la actividad lúcida de los individuos y de los pueblos, de su comprensión, de su voluntad, de su imaginación. [5]

 Por último, no resta más que llamar a la solidaridad a individuos y  organizaciones, tanto en Baja California Sur como en la Ciudad de México, pues esto representa un golpe claro a los espacios autónomos que permiten a la población con menos poder adquisitivo (o sin poder de ninguna clase) acceder a la educación y a las visitas médicas que la casa del estudiante ofrece, más aún porque esto significa el desalojo de setenta estudiantes y seis trabajadores, cuatro plazas ofrecidas  y dos que gestiona la asamblea, para una última muestra del ejercicio de la auto-organización.

¡Solidaridad con la casa del estudiante!

¡Contra la explotación, el despojo, la represión y el desprecio!


[1] Véanse las entradas correspondientes  al marco de las fechas citadas en:  https://rzsud.org/

[2] Véase: http://elinformantebcs.mx/la-casa-del-estudiante-riesgo-delegada-iztapalapa/

[3] Theodor W. Adorno. (2005). Ensayos sobre la propaganda fascista: psiconanálisis del antisemitismo. Buenos Aires: Paradiso. p. 11.

[4] Giacomo Marramao. (2013). Contra el poder: filosofía y escritura. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. p. 53

[5] Cornelius Castoriadis. (2006). Una sociedad a la deriva: entrevistas y debates, 1974-1997. Buenos Aires: Katz. p. 19.

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