La insurrección de Ixmiquilpan

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Demián Revart

Hidalgo es un territorio con precedentes de luchas, ocultas entre las páginas de la historia y la ocurrente centralización de los movimientos sociales que no permite conocer lo que pasa “allá en la provincia”. El 5 de enero, los pobladores de Ixmiquilpan y distintos pueblos del Valle del Mezquital, conocerían lo que es la guerra de clases. Al sonar las campanas del Año Nuevo -2017-, severas entidades del país dieron paso a bloqueos totales en carreteras, instalaciones de PEMEX, gasolineras y otros puntos estratégicos en el contexto nacional del #NoAlGasolinazo.

El cierre de la carretera México-Laredo fue uno de los más fuertes, hasta que colisionó con un ejército (sí, era un ejército entrenado para asesinar) de las policías estatal y federal ese 5 de enero en distintos puntos de ambos lados de los cuatro carriles del bloqueo, todo con la intención de desalojar a la gente. A las 2:30 pm, un trailer gigantesco dividió a los contingentes de la batalla: por un extremo, un operativo de más de 100 camiones y patrullas con elementos cargados con armas de gases lacrimógenos y de fuego; por el otro, la población resistiendo con palos, piedras y el estruendo de los cohetones -que a su vez servían como instrumentos de guerra para que los vecinos salieran a las calles-. Las campanas del Barrio de Jesús retumbaron varios kilómetros a la redonda.

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Los pueblos ganaron la primera batalla. Era evidente que no se levantaría el bloqueo, los esfuerzos de habitar en fogatas y barricadas por largas noches no se negocian. Algunas autoridades estatales ofrecieron “formar una comisión para asistir a la Cámara de Diputados y así evitar la violencia”, pero los pobladores se rehusaron y volvieron a fortalecer las barricadas con costales de arena.

El retorno de las fuerzas policiales fue mayor. Tanquetas y balazos lograron replegar a los ixmiquilpenses. En la acera, cayeron al calor del enfrentamiento dos jóvenes; Alan Giovanni de 22 años de la comunidad Dios Padre y Fredy de 25 años de la comunidad Maguey Blanco, quienes perdieron la vida por un proyectil de bala en el cuerpo. Fueron heridas 13 personas más.

Lo he dicho anteriormente: la muerte es el imperativo de la conciencia del ser-social. Voces y desgarraduras están más despiertas que nunca y no vacilan en confundir las palabras y los hechos: “¡esto fue un golpe de los de arriba, casi una matanza!”.

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Aunque figuras social-demócratas y oportunistas como Gerardo Fernández Noroña, John Ackerman y el Javier Solalinde (“El Padre Solalinde”), se han acercado a predicar la paz -en tiempos de guerra- y la vía electoral, en la asamblea comunitaria hay individualidades, afinidades y dirigentes comunitarios que están trabajando duro para encauzar la lucha hacia la autonomía, que si bien no a la gestión total de la vida del municipio, sí a rupturalizar la dependencia de personajes de la política representativa o de figuras ancestrales dentro de los mismos pueblos. “Nadie va a venir a salvarnos”.

Hay algunas quejas en respuesta a la mass-media que hablaron de un “zafarrancho”, un “enfrentamiento” y una “campal” en lo que claramente fue una expresión directa del antagonismo de clases en un acto de exterminio contra una protesta totalmente legítima.

El 19 de enero, más de 2000 personas marcharon en la ciudad de Pachuca. Se manifestaron en las afueras del Congreso para exigir diálogo con los diputados que aprobaron las reformas estructurales; los medios -otra vez, casi como burla- dijeron que “retuvieron”, “acorralaron” y “secuestraron” a los diputados. ¿De qué lado están estos periodistas “independientes”? Allí reside una semillita que la gente va sembrando, en aras de encaminarse a una autonomía comunicativa, dejando en sus caricaturas pagadas y autorreferenciales a los “especialistas de la comunicación”.

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Después de la insurrección, las actividades organizativas se acrecentaron. El domingo 15 de enero se celebró el “Encuentro Eestatal: ¡No al gasolinazo!” con la presencia de decenas de delegados de Hidalgo, maestros de la CNTE y otras resistencias en el país; el 19 se realizó una marcha en Pachuca que culminó en el ya mencionado “seucestro popular” de diputados del PRI; el domingo 22 de enero, trabajadores de los distintos complejos y tiendas multinacionales afectados por su cierre, marcharon para exigir que “los revoltosos abran ya nuestros centros de trabajo”, por su parte, los ixmiquilpenses se reunieron en el estacionamiento de la Comercial Mexicana tomada para seguir dictaminando las rutas del movimiento.

Las tiendas siguen cerradas hasta que los trabajadores tengan mejores salarios y que, en acuerdo con los arrendatarios y gerentes, se compren los productos de los campesinos del municipio para distribuir en estas tiendas. Los bancos sólo abren cada 3 días para que la gente recoja y envíe dinero. Ningún policía es bienvenido ya. El corolario es de vital importancia: se habló de una “consulta popular” para quitar del puesto al presidente municipal. Cosas interesantes vienen, pues la sangre no corre en vano.

Hoy, los restos óseo-metálicos del brazo armado del Estado pululan en la carretera y los espectros, gritan en cada uno de sus cuatro carriles: ¡no queremos más muertos!

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