Son tantos los muertos que ya no caben en la morgue de Chilpancingo; trabajadores hacen paro por hedor de cadáveres

Demián Revart

Me despierto todos los días con el ánimo de escribir un libro que se titule “Surrealismo a la Mexicana”. Sonaría demasiado soso si afirmara que “sólo aquí pasan estas cosas”, ya que en todos los rincones de la sociedad global hay lugares en los que la guerra -imperialista e interna-, la descomposición social y la violencia generalizada dan cabida a las piletas de cadáveres a la intemperie como si de holocausto nazi o gulag estalinista hablaramos.

Lo contradictorio -o más bien, la clarividencia si nos ponemos críticos- de lo que ocurre en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Chilpancingo, es que no hay ni cuerda ni hilo del cual pendan las promesas del gobierno estatal sobre la implementación de distintos “dispositivos de seguridad” en Guerrero como el exacerbar la presencia militar, policial y de agencias criminalísticas en las carreteras y poblados más ‘calientes’ donde los cárteles mantienen su acecho territorial, asesinando a los pobladores y sus enemigos a diestra y siniestra, cuando la tasa de homicidios dolosos se refleja de manera evidente en la sobrepoblación de cadáveres que llegan allí por decena al día. A este obvio fracaso de las autoridades que burdamente dibujan al conflicto sólo como una guerra armada entre la ‘legalidad y la ilegalidad’ cuando en realidad se trata de una guerra económica entre clases, hay que sumarle el hecho de que dentro del Semefo hay falta de personal calificado que pueda resolver el problema de la lentitud en la práctica de las autopsias y la identificación de los cadáveres, así como también hay un déficit en la inversión de recursos económicos para su óptimo mantenimiento; por ejemplo, de las dos cámaras frigoríficas sólo una se encuentra en funcionamiento y puede almacenar 300 cuerpos.

Tons’, la sobrepoblación en esta pintura de la necropolítica mexicana es causa inquebrantable tanto del exponencial aumento en los velos de la guerra del narcotráfico como de la indiferencia burocrática ante sus víctimas y familiares, los cuales en muchas de las ocasiones son originarios de los poblados rurales más precarizados, por lo que trasladarse a la capital y pasar por el limbo de trámites (y mordidas) para recibir a sus difuntos equivaldría casi-casi a invertir todos sus ahorros, añadiendo la discriminación racial a la que regularmente son susceptibles.

¡Agárrense, que allí no termina este surrealismo a la mexicana! (…)

El 14 de noviembre, 500 trabajadores de la Fiscalía General Estatal -ubicada a 10 metros de las cámaras frigoríficas de la morgue- se declararon en paro indefinido por la imposibilidad de laborar por el exasperante hedor de descomposición de los cadáveres que se ha tenido desde hace un mes, llegando a la ‘módica’ cantidad de 657 cuerpos -cercenados, quemados, descompuestos, decapitados y muchos de ellos sólo en partes- , según detalló el director de la institución a diversos medios de comunicación, exigiendo también su reubicación inmediata para así levantar la huelga.

WTF!, ¿¡enserio es posible llegar al extremo donde la muerte traspase su propio fondo trágico para que los cuerpos ya sin vida no tengan si quiera un lugar digno de descanso, afectando a su vez a una cuadrilla de funcionarios públicos en posibilidad de contraer algún cuadro epidemiológico?! (Lo enfatizo en negritas porque a pesar de ser una exclamación interrogativa tan extensa, resume cual ad hoc de manera expresiva).

Y ahora…. ¿a dónde irán los muertos?

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