“Mi lucha, mi prisión”: Carta en solidaridad con Mateo Gutiérrez, estudiante secuestrado por el Estado colombiano en sus prisiones

Mi lucha, mi prisión…

Él

Sus ojos oscuros se entrecierran cada vez que mira a alguien, como intentando enfocarlo; es de estatura media, pelo negro y piel blanca, sus cejas son gruesas y negras como el petróleo y sus labios, son delgados… Es un hombre, que en su mirada, deja notar la fortaleza que guarda su alma… ¡Él!, quien durante toda su vida ha empuñado su mano izquierda, guardando en ella las injusticias para convertirlas en lucha, SÍ, LUCHA, esa que durante años han “adoptado” quienes no tienen temor y sueñan con hacer de nuestro país, un lugar más justo… ¡Já! Y qué irónico resulta esto, cuando se vive en un territorio en el que la justicia existe, claramente, pero no se aplica.

Estas letras son su historia, ¡La de él! Mateo Gutiérrez León, un joven de 20 años de edad, amante de la lectura y de los animales, cuyos amigos, que en realidad son muchos, resaltan su viveza y sinceridad.

El día del “boom”

¡Páaaaa!… Un estallido sonó en la Macarena en el Centro de Bogotá, la guerra, estaba atacando nuevamente y dejó como resultado un policía muerto; días después, “casualmente”, se re abrió el caso de la explosión de un petardo de bajo poder, el cual estalló el 18 de septiembre de 2015, en el segundo piso de una vivienda ubicada en la calle 76 con carrera 16A, en la localidad de Chapinero. Una persona resultó herida como consecuencia del estallido y ¿Quién o quiénes eran los culpables? Y ahora… ¿Quién respondería por esto? el Estado, no esperó para iniciar con las investigaciones y posteriormente, capturó a un sospechoso.

La detención

El momento había llegado… Jueves 23 de febrero de 2017, día en que el país, estaba a punto de presenciar, una vez más, la “detención” de una lucha, unos ideales y un corazón que realmente NO SE DETENDRÍAN ante la injusticia…

Mateo Gutiérrez León, el joven admirado por sus amigos, familiares, maestros y conocidos, ahora, enfrentaba cargos por terrorismo, fabricación, tráfico y porte de armas de fuego, concierto para delinquir, y hurto agravado y calificado.

Los testimonios

Brayan, el testigo estrella de la fiscalía y quien es bachiller de la policía, emitió un retrato hablado, en el cual, decía que el culpable había sido un hombre rubio, de cara redonda, alto y de pelo largo, que además, por sus deducciones, era un “joven universitario”…

Según el ente acusador, el 18 de septiembre de 2015, se presentaron dos detonaciones seguidas en distintos apartamentos, uno, ubicado en la calle 76 con carrera 16 y otro, ubicado en la calle 18 con carrera Décima.

Mateo, de acuerdo a lo dicho por la policía, sería uno de los dos hombres que ingresaron al apartamento de la calle 18, donde, con un puñal y un arma de fuego, redujeron a un menor de edad, le robaron el celular y detonaron una bomba panfletaria de bajo alcance, la cual no dejó heridos ni muertos, y ¿Quién era el menor de edad? Pues Brayan, el testigo que dice reconocer a Mateo y que dio el retrato hablado.

Vale la pena resaltar que no existen registros públicos del petardo por el cual culpan a Mateo Gutiérrez. A pesar de que el estallido que se detonó en la calle 76 con carrera 16 fue informado por medios de comunicación y por las autoridades, el otro, que según la Fiscalía, estalló al mismo tiempo en la calle 18 con carrera Décima, un lugar muy concurrido de la ciudad, no aparece mencionado en ningún medio.

Algunos vendedores ambulantes y personas que se encontraban en la zona, dicen no recordar que el 18 de septiembre de 2015, hubiese ocurrido una explosión en este punto de la ciudad, además, un policía, que se encuentra trabajando desde el 2013 en el CAI Colseguros, ubicado en la calle 17 con carrera décima, dice no tener registro del evento.

La fiscalía, ha llevado a la corte a otros testigos como un policía tecnólogo profesional en la investigación de bombas, quien embaló las pruebas encontradas ese día.

Por otro lado, se habla de un informe en el que se asegura que el estudiante de Sociología se encontraba repartiendo panfletos del Movimiento Revolucionario del Pueblo en la Gran Marcha por la Paz, sin embargo, no hay pruebas que verifiquen los hechos. El 12 de octubre de 2016, no hubo cartas de incautación ni capturas por la supuesta difusión panfletaria.

El pueblo colombiano

Mientras tanto, nosotros ondeamos banderas que no son ajenas, nos duele el mismo país y la persecución tras quien se atreve, no solo a pensar, sino también, a ser ente de cambio y de transformación en un continente, en el que infortunadamente, está prohibido soñar y en el que hoy, los ojos inquietos de Mateo, buscan la claridad y sus manos, se contagian de un frío insoportable que le arrebata la libertad.

Ay Colombia… mi jodida pero bella Colombia, este espacio bañado por ríos, en el que las venas son mares y los músculos montañas, este lugar cuyo corazón, debería ser fuerte e inmenso, sí… Debería estar conformado por quienes habitamos este pedazo de tierra, pero lamentablemente, ese gran y buen corazón se ha partido a través de la historia por culpa de antagonistas vestidos de traje.

Aracely, la madre de Mateo, una madre tan bella y fuerte como Pachamama, ha aprendido a llorar en silencio y a luchar sin renunciar; sus ojos oscuros, se encharcan cada vez que sus cuerdas vocales y sus labios se mueven temblorosos y emiten gritos insaciables… “No estamos todos, falta Mateo” y sí, falta él y faltan los miles de líderes sociales y compatriotas que hoy, deben hacer una fila en espera de alimento y como muchos de los grandes pensadores, han tenido que “dormir” con los ojos abiertos, cobijarse con el frío de la injusticia y vivir esperando que se abran las rejas para seguir luchando y para continuar amando a sus madres: la patria, por la cual cada segundo viven y a la cual le entregan lo mejor de sus vidas… Y su madre biológica, la mujer que les dio la vida.

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Dedicado a:

Colombia, una patria rota y dolida pero esperanzada.

Aracely León y Omar Gutiérrez, padres y luchadores

Miguel Ángel Beltrán, víctima de falsos positivos judiciales. Profesor, que se ha dedicado a enseñar, a ser ejemplo y a guiar, aun a quienes jamás han pisado sus aulas.

Mateo Gutiérrez León, estudiante de la Universidad Nacional de Colombia y fuente de inspiración para la escritura de mis letras.

Mateo, que el hielo constante de las paredes de la cárcel, nunca congele tus luchas; que tus ojos busquen siempre la luz de la libertad, no sólo la física, también la del alma y el pensamiento. Que cada noche, cuando la suerte te permita cerrar los ojos y por un instante descanses, sientas el abrigo de nuestra compañía constante; que cuando pases en la fila por tu comida, sepas que el alimento del alma es LA VERDAD y eso te mantendrá siempre en pie; que cuando tus rodillas se quiebren y quieras caer, puedas recordar a aquellos que te llevaron hasta allí, ¿ellos? ¡Ellos sí están presos!, ellos jamás serán libres, en cambio tú… cae de rodillas y mira hacia arriba, es allí donde estarás siempre… ¡ARRIBA!, por encima de cualquier mente podre que nunca sabrá lo que es pensar, amar, leer y actuar. ¡Fuerza Mateo!

Tu prisión es pasajera… lee, comprende, medita y lucha cada día, que tú saldrás más grande y siempre LIBRE.

Kerleth Nicol Díaz Lamadrid

2018

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