Fútbol y movimiento obrero, una historia que vale la pena recordar

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“Los anarquistas que defendían al fútbol tenían una definición muy bien hecha: “El fútbol es un juego socialista. Todos jugando en conjunto para al final llegar al gol, que es el triunfo, que es la revolución”. No es una cosa individualista, se consigue colectivamente, ¿no?. “En el fútbol se aprende a ser solidario”, decían. “No se puede jugar solo; cuando el otro está en mejor posición, hay que pasarle la pelota”. La cosa de formar equipo: nadie sobresalir sino sentirse todos iguales.” (Osvaldo Bayer)

Hace unas semanas, nos llegaba la noticia de la difícil situación que atraviesa el equipo argentino de fútbol Club Atlético Libertad. Así de primeras, no nos sonaba de nada dicho club, no es uno de los grandes equipos argentinos que conozcamos, de esos que juegan la copa Libertadores o se enfrentan a los clubs europeos en las copas genera dinero que se acostumbran a ver en Navidades. Por el contrario, estamos ante un equipo modesto, del montón, que tiene su sede en la ciudad de Salta. Su situación actual no es nada singular, cada cierto tiempo tenemos conocimiento de algún equipo deportivo en quiebra, endeudado hasta las cejas, manejado por empresarios/as que exprimen lo que pueden a la gallina de los huevos de oro hasta que la dejan seca, y envuelto en chanchullos urbanísticos. Y la historia del Libertad sigue el mismo patrón: desde hace tiempo, el club atesora una importante deuda con la empresa Aguas del Norte, una deuda que se mantiene a pesar de los subsidios que recibe desde las instituciones provinciales (quien sabe a qué se dedica todo ese dinero…), y ante esta situación, la presidencia del equipo, con el aval del vicepresidente de la Liga Salteña de Fútbol, ha decidido vender los terrenos que ocupa el club para la construcción de una gran hotel. Todo ello aderezado con un presidente que lleva anclado al poder 19 años y que acumula varias causas penales pendientes por administración fraudulenta, un club sin casi socios/as tras años de expulsiones masivas, y un turbio asunto que ha sido varias veces tapado y que incluye denuncias por trata de personas en un albergue que se encuentra cedido en un terrenos propiedad del equipo. Ante esta situación, límite a más no poder, algunos/as socios/as y ex-socios/as han dicho basta, y están dando la pelea por recuperar el control sobre su equipo, desembarazándose de la actual presidencia y evitando la venta de los terrenos del club.

La historia no pasaría de ser una más de las que nos llegan diariamente, de esas noticias que lees y dices, “joder, que cabrones/as, siempre los mismo chanchullos”, pero ahí se quedan, olvidándose al rato, sino fuera porque el pasado del club nos reserva una curiosa sorpresa. Al menos para nosotros. Un origen ligado íntimamente al movimiento obrero y anarquista salteño. Hace 115 años, el Club Atlético Libertad fue fundado por  trabajadores anarquistas, convirtiéndose en el primer equipo de fútbol del Noroeste argentino. Desde sus comienzos, se convirtió, más allá del deporte, en un espacio de socialización para una parte del proletariado salteño, un lugar donde debatir, planificar actividades sociales o intercambiar conocimientos. Durante los primeros años del pasado siglo, el devenir del club estuvo muy ligado al Sindicato de Oficios Varios y al Sindicato de Obreros Panaderos de Salta, ambos alineados con la anarquista FORA. En contraposición, un año más tarde, en 1902, se fundaría el Club Atlético Gimnasia y Tiro como correa de trasmisión de la oligarquía local. Todo esta historia hace años que quedó atrás, la mercantilización hizo estragos hace demasiado tiempo, pero eso no quita para que nos acordemos del papel que el deporte jugó en el desarrollo del movimiento obrero (no un papel primordial, pero no por ello menos interesante), y ya de paso, le demos voz a quienes quieren recuperar su club de manos del/la especulador/a de turno.

Esta es una historia entre muchas

Así es, a pesar de la deriva alcanzada a día de hoy por el fútbol profesional, no hay que olvidar que en su extensión por el mundo (a finales del siglo XIX y principios del XX), el fútbol se convirtió, en no pocos lugares, en uno de los primeros deportes en ser practicados masivamente por la clase trabajadora. De los elitistas clubs de la aristocracia en los que se desarrollaron gran parte de los deportes de la época, se pasó a un “juego” que iba ganando adeptos más allá del Reino Unido entre marineros y trabajadores fabriles. Dentro de este rápido crecimiento mundial, y puesto que hemos comenzado estas líneas hablando de un equipo salteño, nos quedamos con las palabras del historiador libertario Osvaldo Bayer en torno al desarrollo del fútbol en tierras argentinas y su conexión, no siempre cordial, con el floreciente (y poderoso) movimiento obrero de la época (palabras que forman parte de su libro “Fútbol argentino”):

“En las dos primeras décadas del siglo, en apenas una generación, el fútbol se había acriollado definitivamente, igual que los los hijos de los inmigrantes europeos. En cada barrio nacían uno o dos clubes. Se los llamaba ahora Club Social y Deportivo, que en buen porteño significa “milonga y fútbol”.

Los anarquistas y socialistas estaban alarmados. En vez de ir a las asambleas o a los pic-nics ideológicos, los trabajadores concurrían a ver fútbol los domingos a la tarde y a bailar tango los sábados a la noche.

El diario anarquista La Protesta escribía en 1917 contra la “”perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo”.  Comparaban, por sus efectos, al fútbol con la religión, sintetizando su crítica en el lema: “misa y pelota: la peor droga para los pueblos”. “

Pero pronto debieron actualizarse y ya en la fundación de clubes de barriadas populares aparecieron socialistas y anarquistas. Por ejemplo, el Club “”Mártires de Chicago”, en La Paternal, llamado así en homenaje a los obreros ahorcados en Estados Unidos por luchar en pos de la jornada de ocho horas de trabajo. Fue el núcleo que años después pasó a ser el club Argentino Juniors, un nombre menos comprometedor. También en el club “”El Porvenir”, como el nombre lo muestra, estuvo la mano de los utopistas. Y el mismo Chacarita Juniors nació en una biblioteca libertaria precisamente un primero de mayo, la fiesta de los trabajadores, en 1906.

Por último, los viejos luchadores -ante el entusiasmo de sus propios adherentes ideológicos frente al nuevo juego- resolvieron cambiar de actitud y llegar a una nueva conciencia: practicar el fútbol, sí, porque es un juego comunitario donde se ejercita la comunicación y el esfuerzo común; pero no el fútbol como espectáculo, que fanatiza irracionalmente a las masas.”

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