Cherán K’eri: la invención de lo imposible

Luis Ramírez Trejo 

“Una política de emancipación radical no se origina en una prueba de posibilidad que el examen del mundo subministraría.”

Alain Badiou, Condiciones, p. 210 [1]

La mañana del 15 de abril del 2011, un grupo de alrededor de 10 mujeres del municipio  de Cherán, Michoacán, detuvieron a una de las centenas de camionetas que todos los días cruzaban el pueblo para transportar madera robada de los bosques de la comunidad. Las camionetas siempre iban tripuladas por hombres armados hasta los dientes. Desde al menos el 2008, los criminales no sólo habían arrasado los bosques cercanos de Tres esquinas, Pakárakua, San Miguel, Cerritos los Cuates, Carichero, Cerrito de León, Patanciro y El Cerecito, sino que asesinaron, insultaron, humillaron y amenazaron a cualquiera que insinuara un reclamo. Al parecer, también violaron a varias jovencitas.  Las múltiples denuncias de la comunidad naufragaron por años en un valle de silencio e indiferencia en las oficinas de gobierno.

En general, la agresión sexual a las mujeres del lugar era pan de todos los días. Rosa [2], una cheranense de 34 años de edad, cuenta con los ojos y las mejillas a punto de reventar:

“Ya cada que pasaba, decían: ya se va a acabar la madera; pero seguimos con las viejas de aquí de Cherán, decían.”

Rosa fue parte del grupo de mujeres que detuvo a la camioneta mencionada en la esquina de Allende y 18 de Marzo, cerca de la Iglesia del Calvario, en el Barrio Tercero de Cherán. Esas mujeres no usaron ningún camión o auto para cerrar el paso a los talamontes. Tampoco recolectaron armas previamente ni planearon una emboscada. Ni siquiera se pusieron de acuerdo un día antes. Los únicos vehículos con que se enfrentaron a los criminales fueron sus cuerpos. Los suyos eran cuerpos hechos de los mismos átomos que los de los demás: con los mismos tejidos, las mismas cicatrices, las mismas asimetrías de carne, las mismas redondeces, los mismos granos, los mismos excesos. Es decir, en principio, cuerpos como cualquier otro y como ningún otro.

La verdad es que frente a ese grupo de hombres armados, los cuerpos de esas mujeres eran cuerpos que pudieron terminar baleados en cuestión de segundos. Ahí hubieran quedado los huérfanos, los viudos, las madres con las lágrimas rebotando en los regazos. Por fortuna no fue así. Aunque después se sumaron los jóvenes y el pueblo entero, el horizonte para transformar la realidad se constituyó, al menos en los momentos iniciales, por un manojo de cuerpos de mujer: cuerpos quebrantables, precarios, vulnerables, en perpetuo riesgo de perderse en el abismo de la muerte. Cuerpos que en ningún momento perdieron el miedo; tampoco la rabia, la ira, el coraje necesario para transformar su mundo. Como dice Rosa:

“Nomás detuvimos los carros. Se daba miedo. Pero al mismo tiempo se daba miedo y coraje de que no podíamos hacer otra cosa más que de echarle ganas. Los señores trataban de aventar el carro así. Pues el carro así pa’rriba. Se levantaba como parándose de llantas. Y nosotros pus lo parábamos. Era mucho coraje […] pero teníamos un como temorcito dentro del corazón. […] Se decide uno a levantarse porque ya no le importa a uno el coraje, y así pues.”

Ese 15 de abril por la tarde, la mayor parte de los 18,000 habitantes del pueblo se reunió alrededor de fogatas que instalaron en sus barrios, en sus esquinas, afuera de sus casas. En esas mismas calles de las que habían sido expulsados por la complicidad del crimen organizado y el gobierno local. Cherán en p’urhépecha significa asustar. Los habitantes de este pueblo descubrieron que en esas fogatas podían no sólo compartir el susto, el miedo, el pánico cada vez que las alarmas anunciaban que regresaban “los malos”. Ahí, junto a las llamas protectoras, también compartieron la ira, el café, la dignidad, el té de nuriten, el mezcal, el amargo y la cena.

En las primeras semanas del movimiento, expulsaron a los talamontes ilegales, a la policía coludida con el crimen, al presidente municipal y a todos los partidos políticos. El pueblo entero se organizó en una forma de democracia innovadora que desde entonces se concentra en la participación directa en unas 150 fogatas instaladas a lo largo y ancho de la comunidad. La Suprema Corte de Justicia de la Nación aprobó una  que permite a Cherán regirse por sus usos y costumbres. Eligieron, en voto público, un concejo mayor formado por 12 notables llamados Keri (grandes). Todos ellos propuestos primero en sus fogatas, elegidos en sus asambleas de barrio y designados por la asamblea general. La mayor grandeza de estos Keri es que no son autoridades. Como lo explican con orgullo los habitantes de Cherán: al interior de la comunidad “los Keri son sólo representantes; la única autoridad es la asamblea”. Lo que esto significa de manera práctica es que los Keri sólo pueden ejecutar las decisiones que se toman en fogatas y asambleas y pueden ser relevados de su puesto en cualquier momento que la asamblea lo decida. Algo bien distinto a lo que pasa con el resto de los representantes del país.

Como resultado de esta nueva política, Cherán no participó en las elecciones federales del 2012 y  2015. El pueblo no se llenó de propaganda ni de las componendas, sobornos y promesas con las que todos los partidos políticos de este país operan. En mayo del 2015, Cherán eligió, por usos y costumbres, su segundo Concejo Mayor. A la distancia de cinco años, la comunidad enfrenta un sinnúmero de desafíos al interior y de presiones continuas del exterior. Sin embargo, pase lo que pase, el municipio de Cherán ha dado testimonio de cómo crear una política muy distinta a la que tiene a este país ahogado en sangre.

No obstante, desde el comienzo del movimiento y hasta la fecha, la mayor parte de los analistas, estudiosos y políticos han mostrado escepticismo, cuando no hostilidad y desdén, hacia el proceso que se lleva a cabo en Cherán. Para muchos, es imposible que una pequeña comunidad p’urhépecha despliegue de manera duradera una política que desafía los límites establecidos por las instituciones gubernamentales, los partidos políticos, los medios de comunicación y las empresas. “Es imposible que Cherán dure”, dijeron muchos hace cinco años. “Es imposible que Cherán sobreviva”, dicen muchos cinco años después. Es tan imposible como que 10 mujeres detengan a un doble rodado tripulado por un comando de criminales armados con AK-47; tan imposible como que los huicholes detengan el avance de las mineras canadienses en Wirikuta; tan imposible como que los zapatistas existan desde hace más de 30 años; tan imposible como que la política signifique algo más que la tragedia con que se gobierna a este país.

Quizá la política, al menos la política como se practica en Cherán, sea justo eso: una especie de compromiso con la imposibilidad. La política como una suerte de alfarería de lo imposible; como un telar en el que ―a contrapelo de lo que nos dictan los partidos políticos, las instituciones y los gobiernos― se teje un rebozo imposible que atraviesa y cobija a todos los que participan en ella. O quizás esta política sea como una máquina sin poleas ni engranes en la que se fabrican palabras imposibles como justicia, verdad, dignidad o comunidad; palabras que se afirman como posibilidades a partir de los despojos de la imposibilidad.

Este 15 de abril del 2017 se cumplen 6 años de imposibilidad en Cherán. Imposible no felicitarlos: Feliz aniversario.


[1] Badiou, Alain, Condiciones. México: Siglo XXI, 2003.

[2] En este texto sigo la misma política para citar entrevistas que la del proyecto en elaboración   Cherán: la invención de lo imposible. A menos que se aclare explícitamente, los nombres de los entrevistados fueron cambiados, previo acuerdo con ellos, como una forma de respeto a su seguridad y privacidad.

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3 thoughts on “Cherán K’eri: la invención de lo imposible

  1. Saludos, Cheran tiene otras definiciones no es de miedo o donde asustan, en el centro la Tierra es de color charandosa o rojiza, se define la dualidad en un aire mágico. San Francisco Cheran, une culturas, bienvenidos.

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